España está considerada como el
cuarto país europeo en el consumo diario de televisión con 207 minutos diarios
de promedio, cifra superada por Polonia, Rusia e Italia. De esta manera, puede
convertirse en un recurso didáctico imprescindible que contribuye a mejorar el
proceso de enseñanza-aprendizaje, siendo una actividad más lúdica y atractiva,
y ayuda a “ver televisión” como espectadores activos y críticos (Mart, 2011).
Dado que la televisión se ajusta a
las capacidades mentales de los niños y puede influir en el desarrollo social
de este, al considerar a los personajes televisivos ejemplos a imitar, es
necesario lo que el Ministerio de Educación (s.f.) denomina la “educación para
la comunicación” o “educación para los medios. Este concepto hace referencia a
la necesidad de abordar desde una perspectiva analítica y partiendo de un
conjunto de herramientas escolares, los llamados medios masivos y sus
contenidos.
Por ello, como señala Joan Ferrés
(1998 citado en Ministerio de Educación, s.f.), “una escuela que no enseña a
ver televisión es una escuela que no educa”. Sánchez (1997) habla de esta
adecuada integración de la televisión en el aula atendiendo a dos dimensiones
formativas: educar en la televisión y
educar con la televisión.
·
Educar en
la televisión supone introducir como contenido de aula conocimientos
relativos a la televisión, a su lenguaje, a su mecánica de funcionamiento,
incluyendo así una formación pluridisciplinar en la que se abordan aquellas
dimensiones del medio más próximas a cada área.
Por ejemplo, los aspectos técnicos
se reservarían a las áreas de ciencias mientras que lo visual como forma de
expresión se trataría en lengua. En definitiva, educar en televisión implica
desarrollar el análisis crítico y reflexivo de lo que se observa, lo que puede
conducir al estudio de series o programas.
·
Educar con
la televisión supone aprovechar didácticamente los materiales que
ofrece el medio integrándolos en las diferentes áreas de enseñanza. Dentro de
estos materiales encontramos las televisiones que ofrecen programas educativos
incorporables fácilmente al aula, y el resto de material televisivo, que no ha
sido pensado para la escuela pero que ofrece ventajas de cara a su
incorporación a la enseñanza por su conexión con los intereses de los alumnos.
Como se ha citado, las imágenes
televisivas pueden cumplir con una doble función didáctica: informativa y
motivadora. Por ejemplo, en lengua para explicar las figuras retóricas puede
sustituir ejemplos del libro de texto por spots publicitarios, así, cuando el
alumno vea estos fuera del contexto escolar, pensará espontáneamente en estos
contenidos tratados en el aula.
Este autor menciona en esta doble
dimensión la necesidad de un método, el método comprensivo, que aprovecha el
placer y la emoción que son inherentes a la comunicación audiovisual para
llegar a la racionalidad por lo que en lugar de comenzar el análisis de un
programa televisivo por preguntas relacionadas con la finalidad de este, se
debe hablar primeramente de las emociones y sensaciones que ha causado este.
Según el método comprensivo, se trata de aprender desde el placer y gracias al placer.
Ahora bien, en este contexto
digital, no solo es importante la presencia del dispositivo, en este caso la
televisión, sino de una serie de capacidades de
las que el tutor debe disponer para sacar el mayor provecho a esta
herramienta. Algunas de estas aptitudes o aspectos a tener en cuenta son:
ü
Poseer competencias para gestionar las
herramientas digitales.
ü Saber
qué herramientas son las más adecuadas para cada aprendizaje y cada persona
(Pantoja, 2009).
ü
Actuar como mediador entre el alumno y los medios.
ü Realizar
una selección adecuada de películas, series y/o programas que visualizar en el aula.
ü
Tener claros los objetivos que se desean
alcanzar con la visualización.
ü
Preparar actividades relacionadas con lo que se
va a ver en el vídeo.
ü Realizar
una evaluación para ver si el visionado ha facilitado el aprendizaje y este ha
tenido un efecto positivo en los alumnos.
La respuesta de los docentes al
uso de la televisión en el aula se manifiesta en tres tipos de respuesta (Alonso
y otros, 1995 citado en Ministerio de Educación, s.f.):
- Negación ante la contribución positiva de la
televisión al proceso educativo: la televisión es un enemigo. Según estos,
la televisión difunde un discurso basado en la fragmentación y en la discontinuidad,
primando lo emocional sobre lo racional.
- Uso de la televisión como mero apoyo
adicional al trabajo que se realiza en el aula.
- A favor de incluir contenidos audiovisuales y
multimedia. Creen indispensable modificar el sistema educativo, tanto en la
infraestructura de los centros como en los contenidos curriculares y la
formación de los educadores, teniendo en cuenta el nuevo entorno tecnológico.
Referencias bibliográficas:
Mart, F.
(2011). Tema 3: Nuevas tecnologías en las
redes de aprendizaje. Material no publicado. Recuperado el 3 de marzo de
2020 de https://campusvirtual.uclm.es/course/view.php?id=38950
Ministerio
de Educación (s.f.). Media televisión.
Recuperado el 23 de marzo de 2020 de http://recursos.cnice.mec.es/media/television/bloque10/pag5.htm
Pantoja, A.
(2009). La acción tutorial ante el reto de las Tecnologías de la Información y
la Comunicación (TIC). Wolters Kluwer España, 39, 1-19. Recuperado https://www4.ujaen.es/~apantoja/mis_libros/apantoja_n39_12-09.pdf
Sánchez, F. (1997).
Televisión y educación: Un desafío posible. Aula,
9, 151-157. Recuperado de https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/69272/Television_y_educacion_un_des afio_posibl.pdf;jsessionid=7CE37E87A0EC9F46BAFB85F913621F28?sequence=1

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