El Covid-19 está
teniendo un impacto muy importante en la educación de millones de estudiantes,
profesores, centros educativos y familias. El cierre de los centros educativo
presenciales ha obligado a desarrollar con rapidez nuevas formas de garantizar
este derecho en todos los niveles educativos y en todo el mundo. Este esfuerzo
ha implicado a todo el mundo, desde las autoridades educativas hasta los
propios niños. Se han requerido soluciones innovadoras, recursos y tiempo, pero
también paciencia y voluntad para avanzar en contra del virus.
El cierre de los
centros educativos y la sustitución de las clases presenciales por la formación
online y a distancia no han tenido alternativa posible. Todo esto ha conllevado
una serie de consecuencias en la formación del alumnado.
Según el estudio
realizado por Burgess y Sievertsen este mismo año (2020), muestra un efecto de
1% de la desviación estándar en indicadores de aprendizaje por cada 10 días que
pasan. El cierre de los centros escolares hasta el final del curso tendrá un
efecto negativo en el aprendizaje de alumnos de un 6% de la desviación estándar.
En España, un 10%
de la instrucción, que equivale a 17,5 días, reduce en un 1,5% el aprendizaje
de los alumnos, lo que supone en términos PISA, representaría el 20% del curso
escolar respecto a otros países.
Durante esta crisis,
este efecto podría verse amortiguado por dos razones:
-
El uso de la formación online y plataformas
digitales que están haciendo muchos centros educativos.
-
España tiene más horas de clase en la ESO, 1054
horas al año frente a las 919 de promedio de la OCDE (La Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico), por lo que si se priorizaran las competencias
más relevantes, el efecto del cierre de los centros podría compensarse.
Desigualdades educativas y rendimiento
escolar
El principal
problemas es que este impacto va a tener un efecto limitado con alumnos de
entornos favorecidos, pero muy elevado con los alumnos rezagados y
desfavorecidos. Los estudiantes de familias desfavorecidas tienen menos apoyo
académico por parte de sus padres. Los recursos tecnológicos, las habilidades
no cognitivas y los conocimientos de los padres son diferentes, lo que hace que
se dificulte la ayuda a un hijo en una materia que no entiende uno mismo.
La inseguridad
laboral que ha generado esta crisis, también se trasmitirá al rendimiento
académico, la capacidad de estudio y la concentración de los hijos. Por tanto,
la crisis del Coronavirus, agrandará la brecha académica por el nivel
socio-económico.
Las competencias
más afectadas serán matemáticas y lengua debido a la perdida producida por este
último trimestre, al que hay que añadirle los meses de verano. Esto causará, no
solo no progresar en estas competencias si no que, se olvidarán arte de lo
aprendido durante el reto del curso.
Este retroceso en
el aprendizaje, en los alumnos de los entornos desfavorecidos, podría resultar
un incremento de las tasas de repetición en los próximos años y un
empeoramiento en las tasas de graduación.
Si se
incrementasen las repeticiones en España, se estaría agravando uno de los
principales problemas de la educación española. Quienes pasarían a merecerse
una atención especial, en el caso de España, son los alumnos de primer curso de
Formación Profesional Básica que estaban a punto de comenzar su Formación en
Centros de Trabajo, ya que al decretarse el cierre de los centros, puede
producir que se desenganchen definitivamente de los estudios.
En definitiva,
hay tiempo suficiente antes del curso 2020-2021 para intentar compensar parte
de las pérdidas producidas por esta crisis.
Fuentes bibliográficas:

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