sábado, 23 de mayo de 2020

Covid-19 y la educación


El Covid-19 está teniendo un impacto muy importante en la educación de millones de estudiantes, profesores, centros educativos y familias. El cierre de los centros educativo presenciales ha obligado a desarrollar con rapidez nuevas formas de garantizar este derecho en todos los niveles educativos y en todo el mundo. Este esfuerzo ha implicado a todo el mundo, desde las autoridades educativas hasta los propios niños. Se han requerido soluciones innovadoras, recursos y tiempo, pero también paciencia y voluntad para avanzar en contra del virus. 

El cierre de los centros educativos y la sustitución de las clases presenciales por la formación online y a distancia no han tenido alternativa posible. Todo esto ha conllevado una serie de consecuencias en la formación del alumnado.

Según el estudio realizado por Burgess y Sievertsen este mismo año (2020), muestra un efecto de 1% de la desviación estándar en indicadores de aprendizaje por cada 10 días que pasan. El cierre de los centros escolares hasta el final del curso tendrá un efecto negativo en el aprendizaje de alumnos de un 6% de la desviación estándar.

En España, un 10% de la instrucción, que equivale a 17,5 días, reduce en un 1,5% el aprendizaje de los alumnos, lo que supone en términos PISA, representaría el 20% del curso escolar respecto a otros países.

Durante esta crisis, este efecto podría verse amortiguado por dos razones:

-                     El uso de la formación online y plataformas digitales que están haciendo muchos centros educativos.
-                     España tiene más horas de clase en la ESO, 1054 horas al año frente a las 919 de promedio de la OCDE (La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), por lo que si se priorizaran las competencias más relevantes, el efecto del cierre de los centros podría compensarse.

Desigualdades educativas y rendimiento escolar

El principal problemas es que este impacto va a tener un efecto limitado con alumnos de entornos favorecidos, pero muy elevado con los alumnos rezagados y desfavorecidos. Los estudiantes de familias desfavorecidas tienen menos apoyo académico por parte de sus padres. Los recursos tecnológicos, las habilidades no cognitivas y los conocimientos de los padres son diferentes, lo que hace que se dificulte la ayuda a un hijo en una materia  que no entiende uno mismo.

La inseguridad laboral que ha generado esta crisis, también se trasmitirá al rendimiento académico, la capacidad de estudio y la concentración de los hijos. Por tanto, la crisis del Coronavirus, agrandará la brecha académica por el nivel socio-económico.

Las competencias más afectadas serán matemáticas y lengua debido a la perdida producida por este último trimestre, al que hay que añadirle los meses de verano. Esto causará, no solo no progresar en estas competencias si no que, se olvidarán arte de lo aprendido durante el reto del curso.

Este retroceso en el aprendizaje, en los alumnos de los entornos desfavorecidos, podría resultar un incremento de las tasas de repetición en los próximos años y un empeoramiento en las tasas de graduación.

Si se incrementasen las repeticiones en España, se estaría agravando uno de los principales problemas de la educación española. Quienes pasarían a merecerse una atención especial, en el caso de España, son los alumnos de primer curso de Formación Profesional Básica que estaban a punto de comenzar su Formación en Centros de Trabajo, ya que al decretarse el cierre de los centros, puede producir que se desenganchen definitivamente de los estudios.

En definitiva, hay tiempo suficiente antes del curso 2020-2021 para intentar compensar parte de las pérdidas producidas por esta crisis.

Fuentes bibliográficas:



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